Tijuana se ha convertido en una capital mundial en la fabricación de dispositivos médicos
TIJUANA, México — El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) ha transformado esta ciudad fronteriza, que ha pasado de ser un lugar solo para la fiesta a algo completamente distinto: una de las capitales mundiales de dispositivos médicos.
Los camiones inundan los bulevares repletos de fábricas con nombres como Medtronic, Hill-Rom, DJO Global y Greatbatch Medical. Dentro de estas, obreros mexicanos producen todos los días millones de dispositivos médicos para el mercado global, desde bolsas para infusión intravenosa hasta respiradores artificiales.
Casi todos los estadounidenses con un marcapasos —de hecho, casi todas las personas de todo el mundo que lo tienen— van por la vida con partes fabricadas en Tijuana.
El presidente Trump ha amenazado con rehacer los acuerdos comerciales y elevar los impuestos a las importaciones en un esfuerzo por obtener más empleos en manufactura, para lo cual parece haberse enfocado sobre todo en las compañías automotrices y los fabricantes de aires acondicionados. Sin embargo, la industria de los dispositivos médicos constituye un estudio de caso particularmente revelador sobre las dificultades de desensamblar el comercio global.
Aquí en Tijuana las fábricas se quedarán como están durante años, por lo menos. Pero durante ese tiempo, señalan los ejecutivos de la salud, un impuesto fronterizo podría fracturar la sofisticada cadena de suministro global de la industria y forzar a los hospitales estadounidenses a pagar más por productos vitales, o algo incluso peor.
“El verdadero riesgo es que los insumos no estuvieran disponibles”, dijo el doctor John Jay Shannon, director ejecutivo del Cook County Health and Hospital System, en Chicago.
Los hospitales estadounidenses dependen de las vendas y guantes quirúrgicos de China, las agujas de sutura y prótesis articulares de Irlanda y los desfibriladores y catéteres de México. En total, las importaciones anuales de dispositivos médicos tuvieron un incremento de más del triple de 2001 a 2016, cuando alcanzaron los 43,9 mil millones de dólares, de acuerdo con BMI Research, una empresa del Fitch Group.
México es el proveedor principal, antes que Irlanda, Alemania y China. Pocos lugares ilustran este cambiante panorama o ayudan a explicar la complejidad de la industria como Tijuana, ubicada 32 kilómetros al sur de San Diego. La ciudad alberga la mayor concentración de compañías de dispositivos médicos en México, el 70 por ciento de las cuales son estadounidenses, de acuerdo con el Consejo de Desarrollo de Tijuana.
Estas operaciones de tecnología de punta surgieron después de que el TLCAN ayudara a transformar las fábricas en la frontera de México, conocidas como maquiladoras, en plantas industriales. Ahora, en lugar de ser talleres de fabricación de ropa, muchas maquiladoras de Tijuana dan empleo a una nueva generación de ingenieros y técnicos mexicanos calificados que hacen dispositivos ortopédicos, equipo quirúrgico y catéteres.
Las fábricas han ayudado a cambiar la reputación de la ciudad de ser un lugar de fiestas irreverentes a ser el centro de una sofisticada manufactura industrial. Cabañas de metal corrugado y plástico a uno y otro lado del camino colindan con nuevos complejos de apartamentos pintados de color fucsia y verde limón; vehículos utilitarios último modelo rebotan en las calles con baches. Los trabajadores pasan a través de imponentes puertas de seguridad para comenzar sus turnos, en los que operan maquinaria avanzada o cosen delicadamente tejido de cerdo en stents para válvulas cardiacas, y los camiones se alinean en una fila constante a lo largo de la frontera en los carriles de paso rápido y autorización previa hacia California.
Sin embargo, la posibilidad de nuevas políticas de comercio proteccionistas en Estados Unidos ya se cierne sobre esta actividad febril. La pregunta para muchos en Tijuana es si modificarán los incentivos económicos que llevaron a las compañías estadounidenses a invertir en esta ciudad en primer lugar.
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